Abierto toda la noche.

abierto-toda-la-nocheHace un rato terminé de leer la que fuera la primera novela de David Trueba y he de decir que no me ha gustado nada. Fue un obsequio navideño y espero que la persona que me lo regaló no se sienta ofendida por lo que voy a poner a continuación (aunque no debería, dado que no ha sido ella la que ha escrito el libro).

Justo antes de leer éste, leí otro del mismo autor, titulado Cuatro amigos. Iba a hacer una crónica conjunta, pero soy de ese tipo de personas que prefiere abordar los problemas de uno en uno.

La historia que se relata en Abierto toda la noche es sobre la vida y milagros de la familia Belitre, compuesta por los abuelos paternos y un matrimonio con seis retoños.

A continuación, haré un breve resumen de los personajes y, por ende, de sus tribulaciones:

–   Felisín: Hijo mayor, 28 años, pseudo-crítico de cine. En una breve estancia en Francia, se enamora de una chica con la que se casa tras estar tres días copulando sin descanso en un hotel. La lleva a España, se instalan en la casa familiar concurridísima y tras unas cuantas desavenencias con su familia política y ver que su no tan flamante marido no tiene ni para pipas, le abandona con una nota. El chico, que no es muy espabilado, se manda a si mismo cartas firmadas por su querida Nicole que lee en casa delante de toda la familia para fingir naturalidad.

–   Basilio: Muchacho de 22 años más feo que pegar a un padre y con acné histérico que campa a sus anchas por su cara y espalda, convirtiéndole en el monstruo del pueblo. Inicia una terapia con un prestigioso psicólogo, consistente en que los padres le paguen una prostituta (que el profesional de la mente humana contrata y que no es otra que su propia hermana), sin que el chaval sea consciente de ello. Y no vale hacerlo de cualquier manera: la chica tiene que fingir que están saliendo y, a la hora de intimar, tiene que seguir las instrucciones que le ha escrito su hermano (que si hacerlo delante del espejo, que si oblígale a ponerse una máscara de payaso…)

–   Nacho: Ligón de 20 años que destroza sistemáticamente los corazones y autoestimas de las mujeres con las que está. Una de sus últimas conquistas es una cuarentona traumatizada por un ex-marido violento y una serie de novios trastornados y con inclinaciones sexuales extremadamente perversas (te ato y te cago la cara, te obligo a beber mi orina, lindezas de ese estilo). Cuando por fin parece que el chico se enamora y va a iniciar una relación sentimental con una chica aparentemente correcta, su amante desquiciada le pega tres tiros y lo mata en brazos de la que nunca será su novia. Aunque bueno, de esta pájara ya os hablaré luego…

–   Gaspar: Con sus 14 añitos y su rol de nieto predilecto, comienza el verano queriendo ser escritor, con muchos proyectos en mente y el corazón ocupado por su primer amor. Todo es muy bucólico y pastoril, hasta que se enamora de la misma chica que su hermano (y su padre y su abuelo) y las hormonas le juegan malas pasadas. La prostituta de Basilio le meterá en algún que otro lío y le arrebatará su virginidad, enturbiando su espíritu y truncando su adolescencia.

–   Matías: Éste es el más chungo de la familia, pero con diferencia. Tiene 12 años y el síndrome de Latimer, que consiste en creerse que es otra persona (en este caso, su padre) y se dedica a dar órdenes y capones a sus hermanos, hacer las tareas de bricolaje doméstico, tener relaciones sexuales con su madre a escasos metros de su progenitor… Tras la muerte de Nacho, asumirá su personalidad (para alivio de sus padres).

–   Lucas: El benjamín de los Belitre, a sus 9 años, es un niño que desafía y desquicia al más pausado. Habla por los codos y es un manipulador de primera categoría. El psicólogo familiar (sí, el de la hermana puta) zanja la conducta disruptiva de Lucas con un bozal rematado con un candado en la cabeza que lleva durante todo el verano. Le apasionan los peces, al punto que los sobrealimenta con foie gras.

–   Félix: Padre de todos estos elementos y con la crisis de los 50 llamando a su puerta. Al verse desplazado en su rol de marido por su propio hijo (que hasta unas semanas atrás estaba interno en un psiquiátrico), tiene una aventura con la pájara de la que os hablaba antes y que os terminaré de hablar después. Intenta abandonar a su familia con su jovencísima amante y, como ésta le da calabazas y él no tiene sangre en las venas, vuelve humillado a casa y termina convenciendo a su mujer para volver a ingresar a Matías y recuperar su matrimonio.

–   Paula: Mujer, madre… e idiota. Su sumisión es alarmante y es sumamente consentidora con sus hijos. No tiene ningún tipo de autoridad frente a ellos y gran parte de los desastres hogareños se podrían solventar su hubiera más comunicación entre ella y su marido y repartiera más disciplina, estableciera límites. Me pareció increíble que Trueba, en todo el libro, no se dignara a referirse a ella por su nombre; siempre era “la esposa”, “la madre”, “su nuera”…

–   Alma: La abuela del clan, postrada en una cama por voluntad propia y con un sentido del humor ácido y audaz. Le sigue escribiendo cartas a su amiga Ernestina, recientemente fallecida. Se pasa el día rememorando viejos tiempos, recomendándole libros a Gaspar y metiéndose con su marido, al que insulta sin compasión por cualquier motivo, especialmente cuando él le esconde sus pipas y el tabaco.

–   Abelardo: Abuelo ultra-católico y enemigo declarado del tabaquismo. Vándalo y amigo de Paul y John, dos testigos de Jehová que un día llamaron a la puerta de su casa para adoctrinarlo y, tras un par de bastonazos por osar llevarle la contraria, se hacen inseparables. Poeta confeso, se dedica a perfeccionar el soneto que recitará en el funeral de su esposa. Es el único personaje del libro que merece la pena. Y, ¿a quién le dedicará un poema erótico después verle los pechos (tras previa petición)? ¡Sí! ¡La pájara!

–   Sara: Por fin me digno a hablar de ella. Esta pájara (me encanta llamarla así) es una chica de veintipocos años que asiste en casa de los abuelos Belitre y que pondrá a todo el sector masculino en jaque. Amante de Félix, musa de Abelardo, enamorada de Nacho y sorteando las babas de amor de Basilio y Gaspar; esa es su carta de presentación. Antes de irrumpir en este hogar madrileño, se dedicaba a tener relaciones sentimentales con enfermos terminales, ¿por qué? Porque hay gente a la que le gusta sufrir y la niña es una de ellas.

En resumidas cuentas, David Trueba hace un relato de una familia española al uso, con sus desavenencias, secretos y confidencias, pero como eso ya está muy visto y, en el fondo, no interesa a nadie, quiso aderezarlo con proporciones desmesuradas de sexo bizarro, lo que provoca que el guiso literario sea de difícil deglución y una pesada digestión. No soy ninguna puritana: una dosis de sexo puede atraer al lector, pero aquí escatima en calidad y se excede en cantidad. No se hace demasiado denso gracias a la brevedad del libro (236 páginas) y tampoco sería justo decir que el autor escriba mal, aunque esperaba un final que pudiera enmendar las carencias de la trama. Lo que obtuve fue una muerte violenta y precipitada, algo que no esperaba, pero que tampoco venía mucho a cuento. Reconozco que es la primera novela de este hombre y noto una mejoría en Cuatro amigo, ya que está escrito con más humor y soltura. Y me da un poco de reparo ser tan dura con él, que ha recibido el Premio Nacional de la Crítica por su novela Saber perder. ¡Joder, que el tío tiene cuatro Goyas! Eso sí, por guionista.

En mi humilde opinión, Abierto toda la noche se merece 1´5 de los 5 posibles terronillos.

Sugar   sugar

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